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¿Realmente necesito a Dios?

por Josue Cortes
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Vivimos en una cultura que glorifica la autosuficiencia; y pregunta constantemente ¿Realmente necesito a Dios? Nos enseñan que el éxito se mide por lo que acumulamos: títulos, cuentas bancarias, logros visibles. Creemos que, si trabajamos suficiente, y tenemos buenos contactos entonces podremos «tenerlo todo» y, por lo tanto, ser plenos.

Nunca olvidemos el contexto del término griego makários (feliz, dichoso, afortunado, bienaventurado). Originalmente, en la antigüedad, se usaba para dioses griegos que disfrutaban de poder y riqueza sin límites. Incluso en el Antiguo Testamento, a menudo medíamos la «dicha» en términos de muchos hijos o buena salud. Pero Jesús, en el Nuevo Testamento, lo cambia todo en el sermón del monte con cada bienaventuranza; veamos la primera:

Contestemos a la pregunta ¿Realmente necesito a Dios?

1. La Pobreza en Espíritu: Un Estado de Humildad

«Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece. Mateo 5:3 NTV

La pobreza en espíritu se define como la humildad de corazón, la capacidad de reconocer nuestra impotencia y necesidad de Dios. Es el estado de ser que nos lleva a confiar en Cristo como nuestra única fuente de seguridad y felicidad.

La pobreza en espíritu nos lleva a confiar en Cristo como nuestra única fuente de seguridad y felicidad.

2. El Reino pertenece exclusivamente a los que confían en Él

La parábola de la vid verdadera tiene sentido pleno, cuando reconocemos que nuestros mejores logros y mayores victorias han sido gracias a su amor y misericordia

Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada. Juan 15:5 NTV

Si este día tú te inclinas ante Dios, si confías en Jesús como tu Salvador y te rindes a su gobierno, el Reino ya es una realidad presente para ti. No es algo futuro que esperamos en la línea meta; es un lugar al que pertenecemos ahora.

3. La decisión está en tus manos

Ante la pregunta ¿Realmente necesito a Dios? La podremos responder correctamente conociendo el significado de «pobres en espíritu», ya que no es un defecto, sino el reconocimiento de que no tengo nada para ser agradable a Dios y que todas las áreas de mi vida dependen única y exclusivamente de Dios.

La verdadera humildad es darse cuenta de que no soy autosuficiente.  Hoy podemos ser como el faraón y decir ¿Y quien es ese Señor? Y ¿Por qué tendría que escucharlo? Yo ni lo conozco…

—¿Ah sí? —replicó el faraón—. ¿Y quién es ese SEÑOR? ¿Por qué tendría que escucharlo y dejar ir a Israel? Yo no conozco a ese tal SEÑOR y no dejaré que Israel se vaya. Éxodo 5:2 NTV

O ser como el hijo prodigo, y reconocer que en la casa de nuestro padre lo tenemos todo:

Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre! Lucas 15:17 NTV

Medita por un momento…

¿En qué estoy confiando hoy? ¿En mis capacidades, en mi dinero, o en la fidelidad de Jesús? Reconozcamos que nuestra fuerza es debilidad y la suya es poder es el primer paso hacia una dicha verdadera.

Acompáñame a esta oración:

Padre, ayúdanos a soltar nuestra autosuficiencia. Que no nos levante el orgullo de Faraón. Que podamos decir con el corazón: «Aparte de ti, no tengo nada». Bendice mis pasos y llena mi alma con esa paz interior que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús, amén.

Conclusión

permíteme ir aterrizando… Hoy hemos desentrañado las capas de la primera Bienaventuranza. Hemos visto que ser bienaventurado no es una maldición disfrazada, ni una señal de fracaso, sino la declaración de que pertenecemos al Reino.

Si este mensaje ha tocado tu corazón, si has sentido ese alivio de admitir tus necesidades ante el Padre, te invitamos a seguir creciendo en este camino. Sigue leyendo nuestras otras entradas sobre las Bienaventuranzas para comprender mejor este diseño de amor, o comparte este artículo con alguien que necesita recordar que su valor no depende de su éxito… hoy si te leo en los comentarios…  ¿Realmente necesitas a Dios?

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